Mayagüez sabe a mangó

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El Jardín de Fido: cuna de la sangría mayagüezana

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Wilfredo Aponte Hernández

La Sangría Fido, uno de los productos más conocidos y celebrados de la ciudad del mangó, es mucho más que una mezcla de espíritus destilados y jugos de frutas frescas. Y es que su creador, en un intento por producir un elixir único añadió al caldo en cantidades exactas, no sólo ingredientes más a tono con el paladar boricua sino otros que sin duda han dado  prosperidad y permanencia al producto: devoción por su barrio y su gente, entrega a su negocio y humildad.

Pero antes de ser famoso, Wilfredo Aponte Hernández, Fido, el mayor de cinco hermanos nacido en el Mayagüez del año 1925 tuvo que abandonar su sueño de hacer una carrera universitaria en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas (CAAM) para convertirse en lavandero, planchador y administrador de una fonda para poder criar a sus hermanos tras la muerte de sus padres, Francisco Aponte y Rosario Hernández.

En 1952 con una medalla de bronce en el bolsillo tras su participación en la Guerra de Corea inició su propia familia junto a Socorro Avellanet Negrón, y pospuso indefinidamente la preparación profesional que lo convertiría en agrónomo.

Obligado por las circunstancias económicas montó un colmado de víveres y comestibles en la Calle Dulievre del barrio Balboa de su ciudad natal. Fue en ese diminuto local de madera, en la esquina de esa calle, donde nació la famosa Sangría de Fido.

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Más de una vez estuvo a punto de cerrar su colmado de comestibles que no salía a flote en parte, por la larga lista de clientes que compraban fiao y no pagaban.

Para salir del atolladero, a finales de la década del 60  tomó la decisión de convertir el colmado en el negocio de bebidas Fido’s Beer Garden. Desde allí dio rienda suelta a su inventiva hasta alcanzar la estabilidad económica que añoraba.

Fido se convierte en el principal anfitrión del barrio Balboa en Mayagüez y comienza su experimentación. Sus amigos y clientes de confianza pasaron a ser conejillos de india a los que daba a probar sus brebajes. Algunos recuerdan que Fido regalaba o vendía sus mezclas dependiendo del envase que llevara el cliente.

Apoyo popular a FidoAsí nació La Tradicional, una sangría preparada como la española a base de vino tinto. Sin embargo, al alquimista de Mayagüez le parecía que sus clientes preferían un producto más “fuerte” que él podía confeccionar, y lo hizo.

El primer producto consistía en una mezcla de vino tinto y frutas en proporciones que sólo él conocía y que más tarde confió a sus empleados más fieles y a sus hijas: Vírgen, Esther e Ibis.

Tras la llegada de La Tradicional, Fido sacó al mercado su segundo elixir, una mezcla de frutas y alcohol para los que no toman vino, que bautizó con nombre de Papa, Juan 23. Más tarde llegó La Albina, una sangría preparada con vino blanco.

La popularidad de los tres productos convirtió al Fido’s Beer Garden y al barrio Balboa en el lugar de encuentro de gente que llegaba desde los cuatro puntos cardinales de Isla en una búsqueda desenfrenada por un vaso de su Sangría.

La demanda obligó a Fido a dejar atrás el envase manual y lo llevó a mecanizar el proceso de confección en una pequeña fábrica que estableció a varios metros del negocio.

Como en todo movimiento revolucionario fueron los estudiantes los primeros en marchar en procesión hasta el barrio Balboa. Según sus hijas, lo normal era que los estudiantes del Colegio empezaran su peregrinación los jueves en la tarde y que el tumulto hiciera filas para conseguir un vaso del embriagante néctar, a toda costa.

Luego llegaron los artistas y los atletas y detrás de éstos, los políticos que se colaron en la galería de fotos que tapizaba las paredes y el techo de aquel bar de barrio. Fido se retrataba con las celebridades y así comenzó una creciente galería de rostros conocidos. El auspicio de los famosos a la Sangría de Fido le generó una beneficiosa publicidad al producto y al lugar. Así nació el mito. Pero Fido no discriminaba, él posaba con todo el mundo, y las fotos de gente común aumentaban la exposición permanente.

Desde el pequeño local de  Balboa en los tiempos pico del negocio, las ventas de Fido oscilaban entre un cuarto de millón y medio millón de botellas al año. El récord de ventas en un sólo día es de 600 botellas, (50 cajas) en fechas puntuales como Acción de Gracias, Año Nuevo y Navidad.

El Día de los Padres del año 2001, mientras Fido celebraba con su familia, un incendio consumió, en cuestión de minutos, el legendario local de madera de la Calle Dulievre.

Las pérdidas significaron un duro golpe emocional y económico para Fido y su familia. Habían perdido su negoció y también un pedazo de la historia del país conservada en la colección de fotografías de sus clientes y celebridades.

La historia oficial sugiere que en el fuego hubo mano criminal, pero nunca se encausó a nadie. A partir de ese momento, Fido vende la Sangría desde su planta elaboradora, mientras construye un nuevo local frente a la fábrica, en el mismo barrio.

Una condición renal que le aqueja desde el año 2002, y que le obliga a someterse a prolongados tratamientos de diálisis, y la muerte repentina de su esposa Socorro, un año después parecen haber sido los detonantes del deterioro físico que le impidió reabrir su negocio. Fido muere el 24 de enero 2006 de un fallo renal. Tres años después son sus hijas las que inauguran el Fido’s Sangría Garden.

La comercialización de la sangría fuera de las paredes de Balboa para distribuirse en distintos puntos de la Isla comenzará en el último trimestre del 2010. Con ese reto cumplido, comenzará la exportación a los grandes núcleos boricuas en New York, New Jersey, Florida, Connecticut, y otros bastiones de la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos.

Hoy día Mayagüez sabe a mangó y a la Sangría de Fido, aquél pequeño comerciante de gran corazón que en el Barrio Balboa produjo un producto de calidad que ha trascendido  generaciones para orgullo, no sólo de los mayagüezanos, sino de todos los puertorriqueños. Ya lo dice el letrero que da la bienvenida a su fábrica: Sangría Fido, “Nunca Vencido”.